
Basta mirarte para saber que no eres la misma,
la misma de la que un día no muy lejano me enamoré.
Me enamoré de ti, por el brillo de tus ojos,
Ojos despiertos, atentos y curiosos, siempre brillantes,
Brillantes como el conocimiento que posees de ti misma,
tan brillante que no te logras ver.
Verme en ti, era como jugar,
Tomar tu vida y crearla nuevamente,
pintar de luz culta tu pasado,
Y en ese juego,
darle vida a la humanidad.
Humanidad que era reflejada en tu cuerpo,
en cada una de tus sensaciones,
en todos tus pensamientos
y hasta en tus actuaciones.
Pero había alguien más enamorado de ti.
De tus mismos ojos despiertos, atentos y curiosos,
Y por ello, curioso es lo que siento por ti.
Porque no me enamore de tus ojos, sino de los míos
Eran mis ojos los que observaban el mundo.
No me enamore de tu lucidez,
Porque ni siquiera podía contemplarla, ni siquiera era sensible.
No me enamoré de tu cuerpo
Porque observe con detenimiento
que tus sensaciones, pensamientos y actuaciones
eran fríos, déspotas e inhumanos.
No me vi en ti,
Porque en ti ya estaba alguien más,
El más despreciable de los seres,
Aquel que con su mediocridad, facilismo e insensatez
Te pinto con gris técnica la vida,
El mismo que te obligo a entrenar en la monotonía
El mismo que te prohibió jugar.
Hoy, Justo en frente tuyo,
Sé que ya no eres la misma de la cual me enamore.
Por mucho tiempo te observe, te toque, te indague
Y hoy eres tan ajena y tan distante de lo que un día soñé.
Sin embargo, en lugar de olvidarte seguí pensándote;
Y pensándote fue como el color de mi mirada
Entre preguntas y sonrisas te descubrió
Y justo en medio del desconocimiento perturbador
Detrás de mi juego estabas tú.
1,2,3 por el sueño humano de la educación
1,2,3 por ese juguetón
Que detrás de tu nombre escondida está,
Pero al que tu nombre le dice
Que tú, tienes prohibido jugar.
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