La idea sobre la cual quiero realizar este ensayo, la he venido construyendo en las clases de semiótica y pragmática. Al principio era una idea bastante abstracta pero la he venido concretando, y aunque todavía me falta realizar una documentación que me permita fortalecerla más, tengo ya las bases -por decirlo de algún modo-, empíricas para desarrollar la hipótesis que me idee. Quiero plantear la comunicación como una excusa para pensar la realidad.
Empezaré por hacer una descripción de las bases sobre las cuales realizo este planteamiento. En primer lugar esta totalmente involucrada la idea de “competencias comunicativas”, esta idea es abordable desde distintas perspectivas, pero es sólo una de ellas la que me interesa abordar para sustentar este ensayo. La idea de competencia comunicativa es entendida comúnmente como el medio para que el niño pueda ser usuario de la lengua oral y escrita, esta definición es -bajo mi perspectiva- una visión muy técnica de la comunicación. La oralidad y la escritura son los dispositivos que emplea el modelo de educación tradicional y los utiliza por que es solo a través de ellos que se puede saber si el niño logró retener en su memoria lo que el maestro le explico en la clase, estos dispositivos –oralidad y escritura-existen y han sido importantes porque dentro de la escuela, la iglesia y la misma sociedad son los que han permitido que los individuos rindan cuentas de lo que hacen, y entonces, mientras muchos implementan estos dispositivos a la ves se preguntas ¿pero por qué a los niños no les gusta leer ni escribir?, pues yo pienso que es exactamente por la intención con la que están dirigidas la lectura y la escritura.
Ahora bien, pueden existir mil formas de enseñar la competencia comunicativa pero tal vez son muy poquitas las maneras como podemos hacer que un niño aprenda que es leer y que lo que el debería considerar importante para su vida. No les gusta leer ni escribir porque van a rendir cuentas de un libro que no les agrada, de hecho ni siquiera estarían leyendo, estarían ojeando el libro, estarían “manoseándolo” pero no leyéndolo. Por ello mi idea propone que la escuela redimensione o reestructure sus conceptos de leer, de hablar de escribir. La escuela debería mostrarle a los niños –como diría Fernando Vásquez- que hay múltiples modos de leer; que no se lee sólo con los ojos, que leemos con el cuerpo; que podemos leer un texto, pero también espacios, como la ciudad o la escuela o su casa. De igual modo, mostrándole que se puede leer simbólicamente, o estructuralmente o a partir de indicios. En suma, que leer no es seguir unas letras con los ojos porque, entre otras cosas, cada texto requiere de una forma especial de leer, de hecho cada comunidad o grupo social lee los textos de manera distinta. Hay que mostrarles o evidenciarles a los estudiantes que se lee distinto según el género y según la edad. Es más, la propia clase podría ser un laboratorio para invitar a que los lectores jóvenes expliciten sus lecturas, como una manera de validar esas otras maneras de leer.
Pero dado que estas ideas de pereza a leer y escribir están fuertemente marcadas en los niños, pienso que habría que empezar a desarrollar en ellos una cultura investigativa en donde cada uno de ellos sea un investigador y que esto les de cuenta que no hay investigación sin escritura y que no hay escritura sin lectura y no hay lectura si no hay expresión, no hay lectura si nosotros mismos no hablamos, si no dialogamos con lo que estamos leyendo. Tanto la investigación como la lectura-escritura comprometen a la educación y más especialmente a la vida de cada uno de ellos.
Para hacer posible estas dimensiones es necesario tomar distancia de los métodos prefigurados. Las estrategias, en la investigación o en el acto pedagógico, no son más que apuestas; le apostamos a un modo de proceder, en cuyo camino podemos devolvernos o desviarnos, según sean las coyunturas. Algo semejante ocurre en el análisis de un texto, o en general en la recurrencia hipotética inherente a la aventura de la lectura. Por eso considero que el estudio del lenguaje y la literatura pueden contribuir al debate sobre la transformación de la escuela, del país, del mundo, de cada uno de ellos y de quienes le rodean.
En la escuela las competencias comunicativas se desarrollan a través de la literatura y, la literatura es muchas cosas. Por eso considero que cada maestro, dependiendo de lo que entienda por literatura, ha de articular u organizar su hacer en el aula de clase. Pero ha de tener en cuenta que la literatura forma parte de la historia; pero no por ello enfocarse solo en enseñar los movimientos, las escuelas, los autores. No, por que esa manera de entender la literatura es una de las más descuidadas a mi parecer. Un profesor puede saber mucho de autores, de épocas, de movimientos, pero si no muestra algunos de los procesos de composición o ciertas estrategias narrativas, pues será muy superficial su abordaje de la literatura. La literatura es más que la historia, la literatura es la vida; es el ejercicio de crear mundos posibles con palabras, es la exploración de las potencias creativas del lenguaje.
Otra base que sostiene este ensayo es la comunicación. Los individuos como integrantes de una comunidad -que es comunidad por que puede comunicarse- y debido a los múltiples avances tecnológicos que aparecen cada día se encuentran con la imperiosa necesidad de crear e implementar nuevas formas de comunicación para el interactuar con el otro y así obtener un una relación con el mundo.
La comunicación posee una importancia vital en la interacción social el ser humano. Toda persona tiene la posibilidad de comunicarse y para ello emplea primordialmente el lenguaje; quien le permite interactuar con la realidad natural y social. El Lenguaje es el vehículo de acceso al conocimiento, la ciencia la tecnología, el arte y la cultura de la comunicación en la medida en que desarrolla las dimensiones del hacer en toda organización social desde el desarrollo del individuo.
Como medio que entreteje las competencias comunicativas, la sola comunicación y los individuos a parece la realidad. ¿Qué es lo real?, ¿Qué es la realidad?, acaso ¿no es real lo que el niño imagina, lo que piensa, lo que dibuja, lo que escribe?
Hablar de la realidad resulta bastante complejo, porque existen miles de realidades para cada persona, pero entonces lo que nos permite que el otro pueda conocer lo que yo percibo de mi realidad es la comunicación. Puede pasar un solo hecho pero depende de cuantas personas lo presenciaron para saber la cantidad de realidades que surgen en torno a el.
Ahora bien, teniendo en cuenta las anteriores premisas, quiero aclarar y especificar mi idea.
Cada niño vive su propia realidad y cada quien se ha configurado el mundo de una manera propia, y no es justo que la escuela coarte la mirada del mundo, en lugar de desterrar de los chicos el amor por el lenguaje y por sus manifestaciones, debería acercarlo al chico, debería proponerles que cada uno hiciera una lectura y relectura de su realidad, porqué ven de esa manera, qué les afecta, porqué se consideran diferentes a los demás. Hay que promover una cultura que le apunte a la reevaluación del concepto leer y de escribir, hay que ubicarlos no como el simple hablar y escribir, no, hay que redimensionar las competencias comunicativas para entenderlas como un proceso formación integral responsables, críticos de una sociedad que cada día requiere personas más humanas con alternativas de propuestas de solución a los problemas de comunicación y los conflictos sociales.
Promover en la escuela el ejercicio de la escritura que es fundamentado en la lectura posibilita la creación de nuevas realidades, de nuevos mundos y es posible que a esto se refiera Jesús pineda, la escritura, la lengua y la cosmogonía se reúnen y se completan posibilitando la fe y la creencia de nuevos mundos, de nuevas realidades, en donde lo inanimado cobra vida, en donde una simple niña puede ser mil cosas, desde una princesa hasta una bruja. Porque como diría Gianni Rodari …”una palabra lanzada al azar en la mente, produce ondas superficiales y profundas, provoca un serie infinita de reacciones en cadena implicando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños…”
Yo entendería perfectamente si un niño me dice que no quiere leer ni escribir, a mi no me agradan muchas practicas y no las desarrollo y por ello pienso que la opción de la literatura en las escuelas debería ser opcional, así como debería ser opcional el arte, la música, el teatro, las danzas, que cada quien decida que tenga la opción de hacer lo que le agrada, porque queda muy difícil obligar a crear, porque para ello se requiere de entrada cierto interés personalísimo obligar no consigue nada, lo único que hace es formar cuerpos sin mundos. La literatura por ser creativa no debería ser obligada. Pero vale la pena entender que amar la literatura es reconocer su historia, su pasado representado en miles de sujetos, y su presente representado en cada uno de nosotros, y es por esto que hay un saber o un conocimiento de la literatura que la escuela debe mostrar. Claro, con nuevas didácticas, con estrategias más contextualizadas o al menos de mayor interés para las nuevas generaciones. La pregunta no es si los estudiantes deben leer o no “La Odisea”; el problema es qué estrategia didáctica se debe emplear para que sea novedoso, rico e interesante hacerlo. Desde el cine se puede lograr un vínculo para llegar al texto, o apelando a la vida cotidiana, la experiencia del que aprende o a su mirada de género.
Apelar a la lectura y la escritura es la forma mas sutil y tal ves la mejor herramienta que garantiza que los chicos van a pensar por si mismos, claro si los maestros reestructuran sus conceptos de leer y escribir, porque hay un mal entendido muy grande actualmente, la gente esta confundiendo la escritura con la redacción y hay que señalar que la escritura es una herramienta del pensamiento que permite objetivar la conciencia, mientras que la redacción es un problema con las palabras, la escritura es un problema con las ideas. Escribir no es transcribir la oralidad. He podido presenciar en muchas ocasiones cómo los maestros por celar tanto la ortografía y la sintaxis, se olvidan de enseñar a escribir. Hay mucho aprestamiento de la mano, pero muy poco del cerebro. Yo prefiero los escritos de un estudiante donde se ve una estructura de pensamiento ordenada, aunque tenga fallas en la ortografía, que a un estudiante sin problemas de ortografía o redacción, pero sin ninguna estructura u organización en sus ideas.
En síntesis, vale la pena reiterar que somos seres con la naturaleza innata para comunicarnos y en vista que actualmente hay temor y apatía por leer y escribir hay que pensar en que estamos fallando y hay que redimensionar y reestructurar la forma de hablar de comunicación. Hay muchas maneras de leer la realidad y leer implica pensar y escribir necesita que organicemos lo que pensamos para que quien desea saber lo que queremos decir lo entienda, lo comprenda y suscite en él miles de reflexiones para que configure otras tantas realidades y, la clave esta en que así como hay muchas maneras de leer, también hay muchas estrategias de mostrar como leer. La literatura no sólo es historia de la literatura. Escribir es mucho más que enseñar a redactar. Hay que luchar para no seguir hablando de lecto-escritura, sino de lectura y escritura, la lectoescritura no es nada no implica una habilidad para desarrollar el pensamiento, sino la memoria. Tener alguna formación en crítica literaria le ayuda al maestro a tener criterio y orientación en su hacer. Las nuevas tecnologías son otro actor para la enseñanza de la literatura, si actualmente los chicos viven en el internet pues entonces hay que utilizar el internet, no podemos dejarnos descontextualizar eso seria lo peor que podría pasarnos como maestros. El libro de texto escolar opera como una caja de herramientas, como un repertorio, como un abanico de posibilidades, pero también hay que buscar nuevas posibilidades y hay que buscarlas en cada uno de nosotros, si somos maestros y vivimos todos los días conociendo las necesidades de los chicos porqué no somos nosotros mismos los que creamos nuestros propios textos, porque nos dejamos convencer de los que no se untan de niños, hay que acreditar la propia creación para ser un maestro con calidad.
Empezaré por hacer una descripción de las bases sobre las cuales realizo este planteamiento. En primer lugar esta totalmente involucrada la idea de “competencias comunicativas”, esta idea es abordable desde distintas perspectivas, pero es sólo una de ellas la que me interesa abordar para sustentar este ensayo. La idea de competencia comunicativa es entendida comúnmente como el medio para que el niño pueda ser usuario de la lengua oral y escrita, esta definición es -bajo mi perspectiva- una visión muy técnica de la comunicación. La oralidad y la escritura son los dispositivos que emplea el modelo de educación tradicional y los utiliza por que es solo a través de ellos que se puede saber si el niño logró retener en su memoria lo que el maestro le explico en la clase, estos dispositivos –oralidad y escritura-existen y han sido importantes porque dentro de la escuela, la iglesia y la misma sociedad son los que han permitido que los individuos rindan cuentas de lo que hacen, y entonces, mientras muchos implementan estos dispositivos a la ves se preguntas ¿pero por qué a los niños no les gusta leer ni escribir?, pues yo pienso que es exactamente por la intención con la que están dirigidas la lectura y la escritura.
Ahora bien, pueden existir mil formas de enseñar la competencia comunicativa pero tal vez son muy poquitas las maneras como podemos hacer que un niño aprenda que es leer y que lo que el debería considerar importante para su vida. No les gusta leer ni escribir porque van a rendir cuentas de un libro que no les agrada, de hecho ni siquiera estarían leyendo, estarían ojeando el libro, estarían “manoseándolo” pero no leyéndolo. Por ello mi idea propone que la escuela redimensione o reestructure sus conceptos de leer, de hablar de escribir. La escuela debería mostrarle a los niños –como diría Fernando Vásquez- que hay múltiples modos de leer; que no se lee sólo con los ojos, que leemos con el cuerpo; que podemos leer un texto, pero también espacios, como la ciudad o la escuela o su casa. De igual modo, mostrándole que se puede leer simbólicamente, o estructuralmente o a partir de indicios. En suma, que leer no es seguir unas letras con los ojos porque, entre otras cosas, cada texto requiere de una forma especial de leer, de hecho cada comunidad o grupo social lee los textos de manera distinta. Hay que mostrarles o evidenciarles a los estudiantes que se lee distinto según el género y según la edad. Es más, la propia clase podría ser un laboratorio para invitar a que los lectores jóvenes expliciten sus lecturas, como una manera de validar esas otras maneras de leer.
Pero dado que estas ideas de pereza a leer y escribir están fuertemente marcadas en los niños, pienso que habría que empezar a desarrollar en ellos una cultura investigativa en donde cada uno de ellos sea un investigador y que esto les de cuenta que no hay investigación sin escritura y que no hay escritura sin lectura y no hay lectura si no hay expresión, no hay lectura si nosotros mismos no hablamos, si no dialogamos con lo que estamos leyendo. Tanto la investigación como la lectura-escritura comprometen a la educación y más especialmente a la vida de cada uno de ellos.
Para hacer posible estas dimensiones es necesario tomar distancia de los métodos prefigurados. Las estrategias, en la investigación o en el acto pedagógico, no son más que apuestas; le apostamos a un modo de proceder, en cuyo camino podemos devolvernos o desviarnos, según sean las coyunturas. Algo semejante ocurre en el análisis de un texto, o en general en la recurrencia hipotética inherente a la aventura de la lectura. Por eso considero que el estudio del lenguaje y la literatura pueden contribuir al debate sobre la transformación de la escuela, del país, del mundo, de cada uno de ellos y de quienes le rodean.
En la escuela las competencias comunicativas se desarrollan a través de la literatura y, la literatura es muchas cosas. Por eso considero que cada maestro, dependiendo de lo que entienda por literatura, ha de articular u organizar su hacer en el aula de clase. Pero ha de tener en cuenta que la literatura forma parte de la historia; pero no por ello enfocarse solo en enseñar los movimientos, las escuelas, los autores. No, por que esa manera de entender la literatura es una de las más descuidadas a mi parecer. Un profesor puede saber mucho de autores, de épocas, de movimientos, pero si no muestra algunos de los procesos de composición o ciertas estrategias narrativas, pues será muy superficial su abordaje de la literatura. La literatura es más que la historia, la literatura es la vida; es el ejercicio de crear mundos posibles con palabras, es la exploración de las potencias creativas del lenguaje.
Otra base que sostiene este ensayo es la comunicación. Los individuos como integrantes de una comunidad -que es comunidad por que puede comunicarse- y debido a los múltiples avances tecnológicos que aparecen cada día se encuentran con la imperiosa necesidad de crear e implementar nuevas formas de comunicación para el interactuar con el otro y así obtener un una relación con el mundo.
La comunicación posee una importancia vital en la interacción social el ser humano. Toda persona tiene la posibilidad de comunicarse y para ello emplea primordialmente el lenguaje; quien le permite interactuar con la realidad natural y social. El Lenguaje es el vehículo de acceso al conocimiento, la ciencia la tecnología, el arte y la cultura de la comunicación en la medida en que desarrolla las dimensiones del hacer en toda organización social desde el desarrollo del individuo.
Como medio que entreteje las competencias comunicativas, la sola comunicación y los individuos a parece la realidad. ¿Qué es lo real?, ¿Qué es la realidad?, acaso ¿no es real lo que el niño imagina, lo que piensa, lo que dibuja, lo que escribe?
Hablar de la realidad resulta bastante complejo, porque existen miles de realidades para cada persona, pero entonces lo que nos permite que el otro pueda conocer lo que yo percibo de mi realidad es la comunicación. Puede pasar un solo hecho pero depende de cuantas personas lo presenciaron para saber la cantidad de realidades que surgen en torno a el.
Ahora bien, teniendo en cuenta las anteriores premisas, quiero aclarar y especificar mi idea.
Cada niño vive su propia realidad y cada quien se ha configurado el mundo de una manera propia, y no es justo que la escuela coarte la mirada del mundo, en lugar de desterrar de los chicos el amor por el lenguaje y por sus manifestaciones, debería acercarlo al chico, debería proponerles que cada uno hiciera una lectura y relectura de su realidad, porqué ven de esa manera, qué les afecta, porqué se consideran diferentes a los demás. Hay que promover una cultura que le apunte a la reevaluación del concepto leer y de escribir, hay que ubicarlos no como el simple hablar y escribir, no, hay que redimensionar las competencias comunicativas para entenderlas como un proceso formación integral responsables, críticos de una sociedad que cada día requiere personas más humanas con alternativas de propuestas de solución a los problemas de comunicación y los conflictos sociales.
Promover en la escuela el ejercicio de la escritura que es fundamentado en la lectura posibilita la creación de nuevas realidades, de nuevos mundos y es posible que a esto se refiera Jesús pineda, la escritura, la lengua y la cosmogonía se reúnen y se completan posibilitando la fe y la creencia de nuevos mundos, de nuevas realidades, en donde lo inanimado cobra vida, en donde una simple niña puede ser mil cosas, desde una princesa hasta una bruja. Porque como diría Gianni Rodari …”una palabra lanzada al azar en la mente, produce ondas superficiales y profundas, provoca un serie infinita de reacciones en cadena implicando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños…”
Yo entendería perfectamente si un niño me dice que no quiere leer ni escribir, a mi no me agradan muchas practicas y no las desarrollo y por ello pienso que la opción de la literatura en las escuelas debería ser opcional, así como debería ser opcional el arte, la música, el teatro, las danzas, que cada quien decida que tenga la opción de hacer lo que le agrada, porque queda muy difícil obligar a crear, porque para ello se requiere de entrada cierto interés personalísimo obligar no consigue nada, lo único que hace es formar cuerpos sin mundos. La literatura por ser creativa no debería ser obligada. Pero vale la pena entender que amar la literatura es reconocer su historia, su pasado representado en miles de sujetos, y su presente representado en cada uno de nosotros, y es por esto que hay un saber o un conocimiento de la literatura que la escuela debe mostrar. Claro, con nuevas didácticas, con estrategias más contextualizadas o al menos de mayor interés para las nuevas generaciones. La pregunta no es si los estudiantes deben leer o no “La Odisea”; el problema es qué estrategia didáctica se debe emplear para que sea novedoso, rico e interesante hacerlo. Desde el cine se puede lograr un vínculo para llegar al texto, o apelando a la vida cotidiana, la experiencia del que aprende o a su mirada de género.
Apelar a la lectura y la escritura es la forma mas sutil y tal ves la mejor herramienta que garantiza que los chicos van a pensar por si mismos, claro si los maestros reestructuran sus conceptos de leer y escribir, porque hay un mal entendido muy grande actualmente, la gente esta confundiendo la escritura con la redacción y hay que señalar que la escritura es una herramienta del pensamiento que permite objetivar la conciencia, mientras que la redacción es un problema con las palabras, la escritura es un problema con las ideas. Escribir no es transcribir la oralidad. He podido presenciar en muchas ocasiones cómo los maestros por celar tanto la ortografía y la sintaxis, se olvidan de enseñar a escribir. Hay mucho aprestamiento de la mano, pero muy poco del cerebro. Yo prefiero los escritos de un estudiante donde se ve una estructura de pensamiento ordenada, aunque tenga fallas en la ortografía, que a un estudiante sin problemas de ortografía o redacción, pero sin ninguna estructura u organización en sus ideas.
En síntesis, vale la pena reiterar que somos seres con la naturaleza innata para comunicarnos y en vista que actualmente hay temor y apatía por leer y escribir hay que pensar en que estamos fallando y hay que redimensionar y reestructurar la forma de hablar de comunicación. Hay muchas maneras de leer la realidad y leer implica pensar y escribir necesita que organicemos lo que pensamos para que quien desea saber lo que queremos decir lo entienda, lo comprenda y suscite en él miles de reflexiones para que configure otras tantas realidades y, la clave esta en que así como hay muchas maneras de leer, también hay muchas estrategias de mostrar como leer. La literatura no sólo es historia de la literatura. Escribir es mucho más que enseñar a redactar. Hay que luchar para no seguir hablando de lecto-escritura, sino de lectura y escritura, la lectoescritura no es nada no implica una habilidad para desarrollar el pensamiento, sino la memoria. Tener alguna formación en crítica literaria le ayuda al maestro a tener criterio y orientación en su hacer. Las nuevas tecnologías son otro actor para la enseñanza de la literatura, si actualmente los chicos viven en el internet pues entonces hay que utilizar el internet, no podemos dejarnos descontextualizar eso seria lo peor que podría pasarnos como maestros. El libro de texto escolar opera como una caja de herramientas, como un repertorio, como un abanico de posibilidades, pero también hay que buscar nuevas posibilidades y hay que buscarlas en cada uno de nosotros, si somos maestros y vivimos todos los días conociendo las necesidades de los chicos porqué no somos nosotros mismos los que creamos nuestros propios textos, porque nos dejamos convencer de los que no se untan de niños, hay que acreditar la propia creación para ser un maestro con calidad.
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