Comprender el juego como sinónimo de educación y así mismo asumirse como una práctica de libertad.
La educación es un tema que nos concierne a todos los seres humanos, en tanto que somos los humanos quienes hemos creado cultura y la hemos recreado a través de la educación.
Siendo así, y siguiendo el postulado de Hans Gadamer “Educación es educarse”[1], la educación se entendería como un cultivo de sí, y dicho cultivo no es más que la posibilidad de creación y desarrollo del ser. Jugar es educarse, en la medida en que el juego es voluntario (se toma la decisión de jugar) y creador de cultura (cultivo).
Ahora bien, asumir el juego como sinónimo de educación es comprender que la educación es ante todo el desarrollo del ser. Al respecto, Heidegger plantea que la construcción del ser es “trabajar dando forma a un lugar que ya se habita”[2], para Heidegger el ser construye porque habita, y se habita un lugar en el que, como tal, le pertenezca al ser; para efectos de argumentar esta idea, el lugar a habitar es el sujeto mismo, ya que según Heidegger, porque el ser habita un lugar, puede construirlo, es de esa manera como puede “modificarse a sí mismo”, construirse y/o desarrollarse humanamente.
El hombre es un ser cultural por el juego y la educación es un proceso cultural por antonomasia, en ese sentido, y como dice el Proyecto Curricular de la Licenciatura en Educación Física (PCLEF), citando a Lisandro Cabrera, “el hombre es ante todo un proyecto, es una tarea educativa y social que solo puede desarrollarse en el mundo que le es propio, a saber, el mundo de la cultura. Como producto de la cultura, el hombre puede a su vez crearla, conservarla, transformarla o perfeccionarla”[3].
Ahora bien, la educación es un proceso propio del ser humano, sin embargo, no es un proceso individual, como dice Freire (citado por de Roux) “Nadie educa a nadie. Nadie se educa solo. Los hombres se educan entre sí mediatizados por el mundo”[4]. Por ello, la finalidad del proceso educativo es el desarrollo del ser, pero dicho desarrollo se da en la medida en que interactuamos con los demás sujetos, se trata, entonces, de reconocer a cada sujeto como valor del acto educativo. Al respecto, Alain Tourain propone asumir una reconstrucción de la vida social que se dé o se evidencie a través de la educación[5] (como sinónimo de juego), pero dicha educación no es una institución, sino personas, seres humanos que viven el acto educativo en torno a la idea del sujeto; seres humanos que se educan entre sí mediatizados por el mundo, sujetos que son y que dejan ser, seres humanos que se cultivan así mismos, que sienten, piensan, reflexionan, actúan y construyen su propia existencia.
Dado lo anterior, en la medida en que el juego comprendido como educación, es el reconocimiento de los sujetos que componen la vida social, el reconocimiento de los sujetos que crean, recrean y transforman la cultura, siendo así, es preciso asumir el juego como un acontecimiento (Hecho o suceso, especialmente cuando reviste cierta importancia)[6], comprenderlo en toda su complejidad, asumirlo como el acto humano que nos permite el desarrollo del ser, el cultivo de sí. Es preciso reivindicar el sentido del juego, no como una simple actividad que se da en los hombres, sino más bien, como el gran dador de vida que da sentido al desarrollo de los seres humanos, porque tal como dice Schiller (citado por Paredes) “quede entendido que el hombre sólo juega cuando es plenamente tal, y sólo es hombre completo cuando juega”[7].
[1] Gadamer, Hans, La educación es educarse, Editorial PAIDOS, Barcelona, España, 2000, pág., 11.
[2] HEIDEGGER, Martín. El Construir Y El Habitar. En: Conferencias. Http://Www.Lecturalia.Com/Libro/11422/Conferencias-Y-Articulos
[3] Proyecto curricular licenciatura en Educación Física. Registro calificado. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá. 2009. Pág. 26-27.
[4] De Roux, Rodolfo, Elogio de la incertidumbre, Editorial Nueva América, 3ª edición, Bogotá, Colombia, 1997, Pág., 164.
[6] http://buscon.rae.es/draeI/
[7] PAREDES, Jesús, Juego, luego soy Teoría de la actividad lúdica, Wanceulen Editorial Deportiva, S.L., Sevilla, España, 2003, Pág. 25.
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