“(…) Pero como el siglo diecinueve camina hacia la bancarrota con su exagerado derroche de simpatía, quiero sugerir un llamamiento a la ciencia para que nos vuelva al buen camino (…)[1]
Así lo expresa la de novela de Oscar Wilde, un texto que, evidencia –de cierta manera- la vida del siglo XIX (El auge del positivismo), un siglo que posesiona a la ciencia como la única fuente de conocimiento, que permite llegar a la verdad.
Sin embargo, vale la pena hacer una reflexión en torno, al conocimiento mismo, y cómo este, llegó a convertirse en la razón de ser de la ciencia.
Siendo así, es preciso indicar que, desde el momento en que la especie humana empezó a desarrollar o a crear la cultura, entendiendo ésta, como el proceso de modificar y remodelar el ambiente que lo rodea a fin de sobrevivir y desarrollarse, fue necesario también que empezará a comprender la naturaleza misma y las trasformaciones de los objetos que constituían su entorno. De esta manera, tenemos que, las tareas que constituyen nuestra cotidianidad actual, fueron el proceso de la construcción de conocimiento de nuestros antepasados. Por ejemplo, la edificación de una vivienda, requirió en otras épocas, la observación y análisis de fenómenos naturales, tales como el clima, la estructura y forma de la tierra, la ubicación geográfica de un espacio determinado, etc., para que hoy en día el hecho de construir una vivienda, sea un saber ya adquirido.
Siguiendo esta línea, tenemos que todos estos saberes hacen parte, o más bien, son conocimiento, en la medida, en que estos han tenido que comprobarse y de cierta manera sistematizarse. En este sentido, la construcción de conocimiento es algo que se da en los seres humanos, no como un cambio de estado, es decir, de la ignorancia pasar al conocimiento, sino como un proceso, que implica en su devenir, toda una amalgama de situaciones que le permiten ser confrontado con la realidad y paulatinamente se van conformando como conocimiento.
Ahora bien, es preciso aclarar dos cosas. La primera es que la ciencia, tal como la conocemos hoy día, se asume –para la gente ordinaria- como una tarea propia de científicos y éstos a su vez se idealizan como unos señores de bata blanca inmersos en un laboratorio. La segunda, es que la ciencia, de un tiempo hacia acá, se empezó a considerar como un elemento ordenador del mundo.
En primera medida, es preciso aclarar que, dado los imaginarios de la sociedad actual, se puede afirmar que en un momento dado (positivismo), la ciencia empezó a preocuparse por sí misma, se empezó a desligar de la vida humana y empezó a trabajar y producir resultados para ella misma. Sin embargo, la ciencia, de cierta manera llego a convertirse en un elemento que da orden y estructura la vida de una sociedad. Esto porque si nos detenemos a analizar un poco el estilo de vida que se lleva hoy en día en la sociedad de occidente, podremos deducir que la ciencia, sus métodos y sus preceptos, se constituyen como el elemento sobre el cual funciona la sociedad contemporánea, (actualmente, lo que no está comprobado científicamente o construido sobre bases científicas, es prácticamente invalido e inútil), aclarando que no es el único elemento que se observa.
Ahora bien, observo el siguiente panorama: en el tiempo de la formación y consolidación de las sociedades actuales, el cristianismo resulto un factor determinante en esta construcción, y se convirtió en el elemento ordenador del mundo durante toda la edad media hasta la llegada del siglo de las luces, la ilustración, de la enciclopedia, del positivismo, del método científico, de la razón, de la revolución francesa, y de todos aquellos elementos que se impusieron sobre una etapa anterior la “edad oscura” del hombre, y que a partir de ese momento revolucionaron el mundo para cambiar totalmente el modo de verlo, de percibirlo, de entenderlo y sobre todo, de interpretarlo.
Estos cambios se producen básicamente, por algunos elementos fundamentales de la ciencia. En primera medida el elemento razón, la razón, como claramente se observa con Bunge, es constituida como la base de la racionalidad, base sobre la cual se define la forma de estructurar conocimiento, la razón es la única forma o medio para llegar al conocimiento y a la verdad. Por otro lado también está el empirismo, que con su desarrollo trajo consigo otros elementos básicos, como lo son el elemento de la evolución (que posteriormente va a condicionar gran parte, si no es todo, de la manera como se estudian y se analizan los otros elementos ordenadores del mundo), también, y muy importante se encuentra el elemento causa-efecto, que obedece ya a unas leyes tangibles, naturales y perfectamente comprobables a los ojos de cualquiera. Sin embargo, todo este desencadenamiento de métodos y formas de llegar al conocimiento, trae implícito,(aunque no siempre aceptado científicamente) toda una amalgama de teorías y métodos, para el estudio de lo social, aclaro, el positivismo inicia la física social, como una ciencia que estudia y las leyes sociales, en el sentido de causa-efecto, para predecir fenómenos –por decirlo de alguna manera-, sin embargo ante esta mirada positivista, aparecen otras formas de entender o de crear conocimiento de lo social, esto porque la sociedad, no establece patrones únicos y exactos de comportamiento, en esta medida, aparecen otros métodos que permiten entender un poco los fenómenos sociales.
Ahora bien, siguiendo con nuestro imaginario –ordinario- respecto de la ciencia, se puede decir que, la comunidad científica, para establecer ciencia o conocimiento surgen de un problema cotidiano –por decirlo de alguna manera-, y en esta medida, si el conocimiento surge de un problema o de una necesidad de saber, que mas que la vida ordinaria para encontrar problemas y en su tratamiento construir conocimiento, esto porque como bien lo plantea Bachelard, el sentido común es el que permite ver el problema del conocimiento y entenderlo de forma tal que las experiencias diarias vayan armando un conjunto de nociones y conocimientos que parecen evidentes y, por tanto, dignos de credibilidad, en tanto lo que se observa en rededor, la forma en que la naturaleza se presenta, es en esta medida, el origen del sentido común. Dice Bachelard: “el primer obstáculo es la experiencia básica, es la experiencia colocada por delante y por encima de la crítica, que, ésta sí, es necesariamente un elemento integrante del espíritu científico''[2]. Esta experiencia básica es la que forma el sentido común. En esta medida si el sentido común se da en lo cotidiano, se está constituyendo como científico de alguna manera, pues, la ciencia misma para construirse, debe evitar partir del sentido común sin criticarlo, es decir, sin dudar de él.
Siendo de esta manera, el conocimiento se constituye como un problema, en tanto los seres humanos utilizan, para desarrollar su vida y realizar actividades, un conjunto amplio de conocimientos, pero –aclaro- este conocimiento sede ser encontrado por medio de un trabajo indagatorio sobre los objetos que se intenta conocer, es en esta medida, que puede afirmarse que desde que el hombre empezó a tratar de comprender el mundo que lo rodea, la ciencia -entendida como constructora de conocimiento- comenzó a gestarse, pues, el conjunto de aprehensiones por medio de los sentidos, el trascurrir primitivo, la búsqueda de satisfacciones a sus necesidades, el instinto de supervivencia, la curiosidad, fueron, entre otros, los factores que encaminaron al hombre a la ciencia.
Ahora bien, entendiendo el problema del conocimiento, y asumiendo la vida ordinaria de las personas como referente para la producción del conocimiento científico, es preciso aclarar qué es exactamente la ciencia.
Generalmente, ciencia en definida como un conjunto de conocimientos comprobados y sistematizados, que se obtienen mediante el concurso de métodos lógicos, rigurosamente aplicados. Estos conocimientos, después de estar sujetos a la crítica y a la comprobación, se presentan organizados y distribuidos en las diversas ramas del saber, y es presentado como conocimiento, no como verdades. Esto porque –siguiendo con la idea que la ciencia se hace en lo cotidiano-, la ciencia sería entonces, una de las actividades que el hombre realiza, en la medida en que se constituye como un conjunto de acciones encaminadas y dirigidas hacia un determinado fin, que es el de obtener un conocimiento verificable sobre los hechos que lo rodean.
En síntesis, tenemos que, el conocimiento se configura como un problema, y que a pesar de la postura de la ciencia, a considerar válido solamente aquel conocimiento que ha sido probado por su método científico, existe una gran variedad de conocimiento, dado a partir de otros métodos, que en cierta medida, permiten la configuración de epistemologías, en la medida en que, ésta se refiere a los problemas del pensamiento científico, tales como, las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a su obtención y los criterios con los cuales se lo justifica o invalidad. La epistemología seria entonces, el estudio de las condiciones de producción y validación del conocimiento.
En este sentido puedo decir, que si se asume la ciencia como una acción del pensamiento, y no como un método distanciado de lo cotidiano, podemos asumir la vida misma, como el principal elemento de producción de conocimiento, en tanto genera interés, curiosidad, preguntas y construcción de explicaciones que son pasadas por la crítica, y que ante todo surgen de problemas reales, vividos día a día por el común de las personas. En esta medida, la ciencia no sería productora de verdades absolutas sino de explicaciones a fenómenos de lo cotidiano, y siendo así, el conocimiento sería entendido como problema y hablar de conocimiento representaría un problema en sí mismo.
Bibliografía
La formación del espíritu científico. Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo. México: Siglo XXI Editores, 2000.
Paul Feyerabend, Tratado contra el método, Tecnos, Madrid, 1986.
BUNGE Mario (1985) Racionalidad y Realismo, Alianza editorial, Madrid, pp 5-27.
Gaarder Jostein. El mundo de Sofía. Ed. Siruela S.A. Madrid, España. 1994
Sabino A. Carlos. El problema del conocimiento. (Material Fotocopiado).Wilde Oscar. El retrato de Dorian Gray. Ed. La oveja negra Ltda. Colombia. 1982.
[1] Wilde Oscar. El retrato de Dorian Gray. Ed. La oveja negra Ltda. Colombia. 1982. Pág. 88
[2] BACHELARD; G. La formación del espíritu científico. Pág. 27
Sin embargo, vale la pena hacer una reflexión en torno, al conocimiento mismo, y cómo este, llegó a convertirse en la razón de ser de la ciencia.
Siendo así, es preciso indicar que, desde el momento en que la especie humana empezó a desarrollar o a crear la cultura, entendiendo ésta, como el proceso de modificar y remodelar el ambiente que lo rodea a fin de sobrevivir y desarrollarse, fue necesario también que empezará a comprender la naturaleza misma y las trasformaciones de los objetos que constituían su entorno. De esta manera, tenemos que, las tareas que constituyen nuestra cotidianidad actual, fueron el proceso de la construcción de conocimiento de nuestros antepasados. Por ejemplo, la edificación de una vivienda, requirió en otras épocas, la observación y análisis de fenómenos naturales, tales como el clima, la estructura y forma de la tierra, la ubicación geográfica de un espacio determinado, etc., para que hoy en día el hecho de construir una vivienda, sea un saber ya adquirido.
Siguiendo esta línea, tenemos que todos estos saberes hacen parte, o más bien, son conocimiento, en la medida, en que estos han tenido que comprobarse y de cierta manera sistematizarse. En este sentido, la construcción de conocimiento es algo que se da en los seres humanos, no como un cambio de estado, es decir, de la ignorancia pasar al conocimiento, sino como un proceso, que implica en su devenir, toda una amalgama de situaciones que le permiten ser confrontado con la realidad y paulatinamente se van conformando como conocimiento.
Ahora bien, es preciso aclarar dos cosas. La primera es que la ciencia, tal como la conocemos hoy día, se asume –para la gente ordinaria- como una tarea propia de científicos y éstos a su vez se idealizan como unos señores de bata blanca inmersos en un laboratorio. La segunda, es que la ciencia, de un tiempo hacia acá, se empezó a considerar como un elemento ordenador del mundo.
En primera medida, es preciso aclarar que, dado los imaginarios de la sociedad actual, se puede afirmar que en un momento dado (positivismo), la ciencia empezó a preocuparse por sí misma, se empezó a desligar de la vida humana y empezó a trabajar y producir resultados para ella misma. Sin embargo, la ciencia, de cierta manera llego a convertirse en un elemento que da orden y estructura la vida de una sociedad. Esto porque si nos detenemos a analizar un poco el estilo de vida que se lleva hoy en día en la sociedad de occidente, podremos deducir que la ciencia, sus métodos y sus preceptos, se constituyen como el elemento sobre el cual funciona la sociedad contemporánea, (actualmente, lo que no está comprobado científicamente o construido sobre bases científicas, es prácticamente invalido e inútil), aclarando que no es el único elemento que se observa.
Ahora bien, observo el siguiente panorama: en el tiempo de la formación y consolidación de las sociedades actuales, el cristianismo resulto un factor determinante en esta construcción, y se convirtió en el elemento ordenador del mundo durante toda la edad media hasta la llegada del siglo de las luces, la ilustración, de la enciclopedia, del positivismo, del método científico, de la razón, de la revolución francesa, y de todos aquellos elementos que se impusieron sobre una etapa anterior la “edad oscura” del hombre, y que a partir de ese momento revolucionaron el mundo para cambiar totalmente el modo de verlo, de percibirlo, de entenderlo y sobre todo, de interpretarlo.
Estos cambios se producen básicamente, por algunos elementos fundamentales de la ciencia. En primera medida el elemento razón, la razón, como claramente se observa con Bunge, es constituida como la base de la racionalidad, base sobre la cual se define la forma de estructurar conocimiento, la razón es la única forma o medio para llegar al conocimiento y a la verdad. Por otro lado también está el empirismo, que con su desarrollo trajo consigo otros elementos básicos, como lo son el elemento de la evolución (que posteriormente va a condicionar gran parte, si no es todo, de la manera como se estudian y se analizan los otros elementos ordenadores del mundo), también, y muy importante se encuentra el elemento causa-efecto, que obedece ya a unas leyes tangibles, naturales y perfectamente comprobables a los ojos de cualquiera. Sin embargo, todo este desencadenamiento de métodos y formas de llegar al conocimiento, trae implícito,(aunque no siempre aceptado científicamente) toda una amalgama de teorías y métodos, para el estudio de lo social, aclaro, el positivismo inicia la física social, como una ciencia que estudia y las leyes sociales, en el sentido de causa-efecto, para predecir fenómenos –por decirlo de alguna manera-, sin embargo ante esta mirada positivista, aparecen otras formas de entender o de crear conocimiento de lo social, esto porque la sociedad, no establece patrones únicos y exactos de comportamiento, en esta medida, aparecen otros métodos que permiten entender un poco los fenómenos sociales.
Ahora bien, siguiendo con nuestro imaginario –ordinario- respecto de la ciencia, se puede decir que, la comunidad científica, para establecer ciencia o conocimiento surgen de un problema cotidiano –por decirlo de alguna manera-, y en esta medida, si el conocimiento surge de un problema o de una necesidad de saber, que mas que la vida ordinaria para encontrar problemas y en su tratamiento construir conocimiento, esto porque como bien lo plantea Bachelard, el sentido común es el que permite ver el problema del conocimiento y entenderlo de forma tal que las experiencias diarias vayan armando un conjunto de nociones y conocimientos que parecen evidentes y, por tanto, dignos de credibilidad, en tanto lo que se observa en rededor, la forma en que la naturaleza se presenta, es en esta medida, el origen del sentido común. Dice Bachelard: “el primer obstáculo es la experiencia básica, es la experiencia colocada por delante y por encima de la crítica, que, ésta sí, es necesariamente un elemento integrante del espíritu científico''[2]. Esta experiencia básica es la que forma el sentido común. En esta medida si el sentido común se da en lo cotidiano, se está constituyendo como científico de alguna manera, pues, la ciencia misma para construirse, debe evitar partir del sentido común sin criticarlo, es decir, sin dudar de él.
Siendo de esta manera, el conocimiento se constituye como un problema, en tanto los seres humanos utilizan, para desarrollar su vida y realizar actividades, un conjunto amplio de conocimientos, pero –aclaro- este conocimiento sede ser encontrado por medio de un trabajo indagatorio sobre los objetos que se intenta conocer, es en esta medida, que puede afirmarse que desde que el hombre empezó a tratar de comprender el mundo que lo rodea, la ciencia -entendida como constructora de conocimiento- comenzó a gestarse, pues, el conjunto de aprehensiones por medio de los sentidos, el trascurrir primitivo, la búsqueda de satisfacciones a sus necesidades, el instinto de supervivencia, la curiosidad, fueron, entre otros, los factores que encaminaron al hombre a la ciencia.
Ahora bien, entendiendo el problema del conocimiento, y asumiendo la vida ordinaria de las personas como referente para la producción del conocimiento científico, es preciso aclarar qué es exactamente la ciencia.
Generalmente, ciencia en definida como un conjunto de conocimientos comprobados y sistematizados, que se obtienen mediante el concurso de métodos lógicos, rigurosamente aplicados. Estos conocimientos, después de estar sujetos a la crítica y a la comprobación, se presentan organizados y distribuidos en las diversas ramas del saber, y es presentado como conocimiento, no como verdades. Esto porque –siguiendo con la idea que la ciencia se hace en lo cotidiano-, la ciencia sería entonces, una de las actividades que el hombre realiza, en la medida en que se constituye como un conjunto de acciones encaminadas y dirigidas hacia un determinado fin, que es el de obtener un conocimiento verificable sobre los hechos que lo rodean.
En síntesis, tenemos que, el conocimiento se configura como un problema, y que a pesar de la postura de la ciencia, a considerar válido solamente aquel conocimiento que ha sido probado por su método científico, existe una gran variedad de conocimiento, dado a partir de otros métodos, que en cierta medida, permiten la configuración de epistemologías, en la medida en que, ésta se refiere a los problemas del pensamiento científico, tales como, las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a su obtención y los criterios con los cuales se lo justifica o invalidad. La epistemología seria entonces, el estudio de las condiciones de producción y validación del conocimiento.
En este sentido puedo decir, que si se asume la ciencia como una acción del pensamiento, y no como un método distanciado de lo cotidiano, podemos asumir la vida misma, como el principal elemento de producción de conocimiento, en tanto genera interés, curiosidad, preguntas y construcción de explicaciones que son pasadas por la crítica, y que ante todo surgen de problemas reales, vividos día a día por el común de las personas. En esta medida, la ciencia no sería productora de verdades absolutas sino de explicaciones a fenómenos de lo cotidiano, y siendo así, el conocimiento sería entendido como problema y hablar de conocimiento representaría un problema en sí mismo.
Bibliografía
La formación del espíritu científico. Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo. México: Siglo XXI Editores, 2000.
Paul Feyerabend, Tratado contra el método, Tecnos, Madrid, 1986.
BUNGE Mario (1985) Racionalidad y Realismo, Alianza editorial, Madrid, pp 5-27.
Gaarder Jostein. El mundo de Sofía. Ed. Siruela S.A. Madrid, España. 1994
Sabino A. Carlos. El problema del conocimiento. (Material Fotocopiado).Wilde Oscar. El retrato de Dorian Gray. Ed. La oveja negra Ltda. Colombia. 1982.
[1] Wilde Oscar. El retrato de Dorian Gray. Ed. La oveja negra Ltda. Colombia. 1982. Pág. 88
[2] BACHELARD; G. La formación del espíritu científico. Pág. 27
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